Los ciclistas piden flexibilidad en el uso puntual de las aceras

A partir del 1 de enero, las aceras de Barcelona serán un poco más de los peatones. Las bicicletas tendrán prohibido circular por ellas tras el fin de la moratoria que lo permitía. La buena noticia para los peatones se convierte, a la vez, en una dificultad añadida para los ciclistas que se mueven en bici por la ciudad y que, en un momento u otro, recurren a las aceras.

La ciudad defiende estar preparada para sacar a los ciclistas de las aceras aunque hay puntos negros por resolver urgentemente y matices por valorar. “Los ciclistas no deben circular por la acera pero se debe entender porque lo hacen cuando lo hacen”, apunta Carles Benito, presidente del BACC (Bicicleta Club de Catalunya). Según un estudio de esta entidad, más de la mitad de los ciclistas usan las aceras para recorrer distancias inferiores a los 50 metros. La otra mitad, reconoce hacerlo por la inseguridad que le provoca avanzar por la calzada.

Los afectados por el veto reconocen que no se atreven a usar la calzada por miedo

Es la respuesta más habitual que recibe La Vanguardia cuando pregunta a los ciclistas que aceptan responder una pregunta cuando van por la acera en un punto al azar de la trama del Eixample como es la calle València entre rambla de Catalu-nya y Balmes. “Por seguridad”, “por miedo a que me atropellen”, “porque los coches van muy deprisa”, “porque las motos adelantan sin miramientos”… Las respuestas se repiten con diferentes palabras pero con el mismo trasfondo. El más elocuente es el que, sin palabras, señala a la calzada con un carril bus y tres carriles de circulación llenos de coches que en ese momento circulan uno detrás de otro por encima del límite de velocidad establecido en vías urbanas. “Meterse ahí, y encima con lo poco iluminado que está ahora que oscurece pronto, es jugarse la vida”, concluye.

Si no quiere exponerse a una multa ni jugarse la vida con su bicicleta plegable, la solución a partir del 1 de enero para este ciclista será usar el carril bici que tiene dos calles por encima, en Provença, o dos por debajo, en Consell de Cent. Si su casa, trabajo o donde sea que vaya está en la calle València, no le quedará otra opción más que armarse de valor y compartir espacio con los coches hasta enlazar con los carriles bici o bajarse e ir andando por la acera hasta llegar a ellos. La ordenanza de circulación de peatones y vehículos es clara: las aceras son para los peatones y el lugar de las bicis debe ser la calzada, con carril bici preferentemente, en zonas 30 o compartiendo espacio con el resto de vehículos en el peor de los casos.

Las entidades alertan de que el fin de la moratoria puede frenar el aumento de usuarios

El presidente de la asociación Amics de la Bici, Albert Garcia, considera que el potencial de este medio de transporte se sustenta en que es un vehículo que va de puerta a puerta. Con la prohibición del uso de las aceras se elimina esa utilidad y García cree que se frenará el crecimiento del número de ciclistas urbanos. “Si los conviertes en delincuentes, no cogerán la bicicleta”, resume, pidiendo “una ordenanza más humana”.

Tanto el BACC como Amics de la Bici piden que la normativa sea flexible y comprensiva con esos pequeños trayectos en los que la bici apenas recorre unos metros por encima de la acera. Carles Benito considera que “el Ayuntamiento se ha precipitado y ha incumplido las promesas sobre carriles bici”. El Consistorio defiende que el 90% de los vecinos de la capital catalana tienen un carril bici a 300 metros de casa y ese dicen que es un argumento suficiente para poner fin a una moratoria prorrogada dos veces desde el 2015, primero por el gobierno de Xavier Trias y luego por el de Ada Colau. Aunque durante el mandato de los comunes han crecido un 72% los carriles bici existentes (pasando de 116 a 204 kilómetros), lo cierto es que no se alcanzarán los más de 300 kilómetros marcados como objetivo para el 2019. Es quizás por eso que el gobierno municipal ha cambiado su discurso y ha pasado de hablar de kilómetros de carriles bici a trama ciclable, que incluye las zonas 30 y las calles pacificadas, llegando de esa manera a los 1.000 kilómetros como alternativa a las aceras. Consideran que con todo ello se dota de alternativas seguras a los ciclistas y ya pueden desalojar las aceras.

Los puntos negros en la red de carriles bici por completar dificultan el respeto de la norma

Más allá de las cifras y el mapa global, cuando se baja a la realidad se encuentran numerosos puntos negros de la red de carriles bici que obligan al ciclista a ocupar un espacio de los peatones que a partir del 1 de enero les estará vetado. Hablamos de cruces muy frecuentados como el de la Diagonal con el paseo de Sant Joan, también con paseo de Gràcia en el lado mar, o la avenida Josep Tarradellas con la calle Berlín, por poner algunos ejemplos. También se abre la incógnita de que pasará en plaza Espanya, donde los ciclistas se ven obligados a compartir espacio con los peatones para enlazar los carriles bici pintados en las aceras en la Gran Via a lado y lado de la plaza.

“Cuando ves que el tráfico es agresivo y que los usuarios con los que compartes calzada te mandan fuera, es normal que el ciclista se busque la vida y se refugie en la acera”, apunta Carles Benito. El incumplimiento de la ley supondrá sanciones que van de los 100 a los 500 euros, en función del peligro que represente. Quedará en manos del celo con el que quieran aplicarse los agentes de la Guàrdia Urbana. La concejal de Movilidad, Mercedes Vidal, pone sobre la mesa que los conductores que no respeten a los ciclistas también se exponen a importantes multas. “La Guàrdia Urbana vigilará que las bicis no circulen por las aceras pero también velará por las condiciones de seguridad en calzada”, apunta Vidal, alertando de que perseguirán el “acoso a las bicicletas”. Esto es, el uso del claxon por parte de un conductor con prisas cuando tiene un ciclista delante o el adelantamiento sin respetar las medidas de seguridad. De hecho, dichas sanciones, aunque poco conocidas, ya se pueden imponer para proteger a unas bicis claramente vulnerables frente a coches, motos y furgonetas de reparto en la jungla urbana.

La incorporación de los patinetes colapsa los carriles más usados y provoca conflictos

La recomendación del Ayuntamiento a los ciclistas que pasen de las aceras a la calzada es que se sitúen en el centro del carril para evitar adelantamientos de riesgo por parte del resto de vehículos. Además, recuerdan que las bicis pueden ir por el espacio ocupado mayoritariamente por el vehículo privado aunque se haya construido un carril bici al lado.

El veto a las bicis forma parte de una lucha por las aceras que los peatones perdieron hace ya tiempo y que el Plan de Movilidad Urbana del Ayuntamiento de Barcelona prometió recuperar. Las aceras son para aquellos que se mueven a pie pero aunque ahora se prohíba la circulación de las bicis, las motos siguen sintiéndose intocables y aparcan donde quieren. En los últimos meses se ha empezado a sancionar el aparcamiento en algunas aceras muy saturadas aunque sigue siendo habitual ver espacios peatonales llenos de motos aparcadas. A todo esto se suman ahora los patinetes, que dependen de una ordenanza de vehículos de movilidad personal elaborada por el Ayuntamiento para poner orden en los segways y aparatos utilizados para turistas y que ha acabado resultando de gran utilidad para dar respuesta a un fenómeno que después de las fiestas de Navidad aún puede ser mayor. Los patinetes, de una u otra manera, también están siendo redirigidos a los carriles bici, aunque eso, a la vez, provoca conflicto con los ciclistas. Los carriles bici más saturados como el de la Diagonal, Diputació o Gran Via se muestran al límite de su capacidad en hora punta. La incorporación de los patinetes incrementa el peligro de accidente con ciclistas a los que buscan adelantar en espacios que reclaman más metros de ancho para conseguir dotar de un espacio digno a todos aquellos que están haciendo el gesto de buscar alternativas sostenibles para moverse por Barcelona.